Hillary y las gorras

Hillary Clinton es una señora muy inteligente. Desde aquel episodio en el que tuvo que ponerle la cara al escandalo que se armó cuando su esposo, Bill, nada más y nada menos en funciones de Presidente de EEUU, se le ocurrió tener un affaire con la ya no tan célebre Mónica Lewinsky, la entonces Primera Dama sacó la casta se despegó de sus funciones ornamentales como esposa y toreó el problema con inteligencia política para lograr que la pareja presidencial saliera bien parada.
Su previsible carrera de senadora a Presidente contó con amplia simpatía desde que se vislumbró esa posibilidad. Pero el fenómeno Obama estaba en el tiempo y momento preciso. De nuevo, Hillary y su inteligencia le dieron el apoyo al nuevo Presidente para que luego ocupara la silla de Secretaria de Estado. Mejor lugar, imposible.
Ayer, cuando en medio de un zapping me encontré con la entrevista que le hiciera Leopoldo Castillo en exclusiva, quedé un poco desconcertada e incluso incrédula ante semejante momento pero me detuve de inmediato en las palabras que inteligentemente la Secretaria de Estado, como anfitriona, le dirigía a Castillo.
“As you know” repetía una y otra vez al inicio de cada respuesta que “el ciudadano” le hacía. Hillary prestaba atención al atropellado inglés de Castillo. Tomaba pausas y arrancaba respuestas concretas, precisas, con la tranquilidad y ecuanimidad que la rememoran como Primera Dama.
Volvía Castillo y volvía el “as you know”, o sea, no intentes dirigirme las respuestas porque “como tú sabes”, no voy a meter la pata. La inteligencia de Hillary acabó la entrevista con un mensaje claro y conciso: Estados Unidos no quiere interferir en las ideologías de ningún gobierno pero el sistema político y económico de su país no va a cambiar porque a ellos les ha funcionado muy bien. Punto.
De la nada, y en una especie de tras cámaras, salió Alberto Federico Ravell a entregarle dos gorras con el logo de Globovisión. Hillary las vio. Sonrió. Las mantuvo frente a sí pero no las mostró a la cámara. Hasta que Ravell en una palmadita desesperada le susurra un algo asi como “muéstrelas por favor”. A lo que Hillary con la sonrisa mantenida tuvo que tomarse la foto oficial retratada con las gorritas. La de ella y la del mandado para Obama. En pocos segundos, las gorras volvieron al anonimato y Hillary sin mucho besito se despidió.
De nuevo su inteligencia habló y Hillary lo sabe.