En nombre de Chucho

avionesLa maternidad me dejó varias secuelas en la personalidad que a veces detecto cuando están en funcionamiento. La más dificil de lidiar es la sensación de miedo y vulnerabilidad.
Explico: antes, mi noción del peligro disminuía proporcionalmente según el nivel de rumba y guagancó que soportaba mi cerebro.
¿Qué me ha pasado? No sé, pero me está pesando bastante. Vivo en una ciudad hostil, problemática y en la que hay que salir con Dios en la boca. Siempre ha sido así pero ahora me importa.
Por puro masoquismo leo las páginas de sucesos para reconfirmar las historias que sólo cambian de nombre y escenario. Los mismos muertos, enfrentamientos, secuestros y demás desgracias creadas por el hombre.
El problema es mis ganas terribles de huir. El instinto de supervivencia me dicta que agarre camino lo más pronto posible y le dé otro horizonte a mi hija. Pero he aquí la otra paradoja: estoy atrapada en un sistema hecho para eliminar a la clase media de la que alguna vez formé parte (según el INE y mi aparente estatus de confort)
Lo pienso, lo evaluo pero no puedo ejecutarlo. Resulta que las necesidades básicas se comen a las posibilidades. De crecer aquí o de salir de aquí.
Confieso que jamás había pensado con tanta seriedad moverme de nacionalidad. Sí, porque cuando uno decide estar en otro lugar tiene que echar la nacionalidad propia para un ladito y poner la otra en relieve por aquello del uso constante.
Pero la idea no se me sale de la cabeza. Y lo peor es que no tengo como ejecutarla. Hay un hueco en las estadísticas que no define este nuevo estrato social del cual formo parte.
Hoy me encuentro en el limbo de los que no podemos costearnos un exilio.

Así nos vemos

Esto ocurrió en la mañana. Los que hablan son un señor que atiende un kiosco, su vecina que alquila teléfonos en la calle y un señor que está parado en la agencia de loterías. En medio de la Av Principal de El Cementerio.
Sólo voy a transcribir lo que escuché porque lo recuerdo muy claramente y no quiero contaminarlo (agarré la conversa empezada):
– ¡Ay no, tú si hablas pendejadas!
– En serio vale, a mi hermana le salió una casita así, se anotó en una lista y la llamaron. Allá está metida en su casa en Santa Teresa-
– ¿En Santa Teresa? Tas loco, yo no me voy a ir a vivir tan lejos…
– Bueno, ¡y que quieres tú pues! Por eso es que estamos como estamos…
– ¿Cómo? ¡Estamos así por culpa de Chávez!
– Y Chávez que tiene que ver… ¿tú tas loco o muerto de hambre? ¡A nosotros nos jodieron fueron los adecos!
– ¡¡¡¡Jajajajaja!!!!!
– ¿Y este no era adeco?
– Eso era antes, ¡ahora lo que manda es la Revolución!
– No me vayas a empezar a hablar de Chávez porque me da tos…
– ¡¡¡Jajajajajaja!!!!, tos te va a dar cuándo nos quedemos hasta el 2021
– 2021, bueno total, si yo no trabajo, no como, así que por mí que mande el que sea
– Todos son igualitos ¿verdad?-
– ¡¡¡Jajajajaja!!!, es así, no te pares a trabajar pa ver…-
-¿Mira, y dónde es que hay que anotarse pa que le den a uno la casita?

La conversa siguió pero esto me dejó dos conclusiones:
1) No importa el gobierno, nosotros nos vamos a reir igualito
2) Los que están arriba, jamás podrán apropiarse de verdad verdad, de cómo se ven los que están abajo. Y eso me gusta.