La esposa de…

Me he sentido muy mal esta semana. Lo de Jennifer Carolina me impactó mucho. Es como ver a alguien que se va a la deriva y lo que ves detrás es una aleta de tiburón rondandolo. Así me siento. Como un terrible e inerte espectador de la tragedia.
¿Ah? ¿Que quién es Jennifer Carolina? Una mujer.
¿Qué? ¿Qué no sabes que le pasó? La asesinaron.
Ya entiendo. De repente sabes de quien hablo si empiezo así: “La esposa del campeón mundial de boxeo, 27 veces invicto, atleta, deportista, futura gloria venezolana, Edwin “El Inca Valero”, fue asesinada”.
Ah, por cierto. La asesinó él, su esposo, padre de sus hijos. Y a menos de 24 horas de degollarla en una habitación de hotel, el esposo de Jennifer Carolina también acabó con su vida cuando se dio cuenta que de tanto darle el cántaro al agua, algún dia se rompe.
Los dos están muertos. Pero ella se convirtió en un fantasma desde que él salió a la luz pública confesando su crimen. Ella fue sólo el detonante para que él se suicidara. Ella era la acompañante de la habitación. Ella era la esposa de.
Estoy muy triste por los hijos de Jennifer, que quedan solos y marcados por ese sentimiento que no lo entiende nadie.
Estoy triste también por la mamá de Jennifer a quien, gracias a Dios, no le tocó lidiar con la chorrera de fotos en un funeral sensacional. Pero triste también por su suegra que tuvo que llorar en transmisión nacional.
Jennifer Carolina no necesitó salir ante las cámaras ni caerle a puños a nadie para ser famosa. Lo que me da tristeza es la circunstancia en la que la gente conoció su nombre. Si es que lo mencionan solo, con nombre, apellido e identidad.
Ah, es que se me olvidaba que la noticia no fue una mujer asesinada por su esposo, como las 1600 mujeres que han muerto a manos de sus parejas sólo en 2009. Lo que importa es que ella era la esposa de Edwin “el Inca” Valero, el hombre, el famoso, el que antes de ser víctima primero fue victimario.