Un birrete en el altar

Hoy la BBC me desayunó con esto:
Los hombres latinoamericanos valoran más la capacidad de una mujer en el hogar que su preparación académica a la hora de elegir una esposa. Y las mujeres más educadas tienen menos probabilidad de casarse que sus congéneres latinoamericanas sin una buena preparación escolar”.
Estas son las conclusiones de un estudio que hicieron en Harvard entre los que se encuentra un ex ministro de planificación venezolano.
Al principio pensé “Ajá y ¿¿¿cuál es la novedad????”. Pues resulta que a ellos les pareció particular que la dinámica en Latinoamerica fuese tan opuesta a la de parejas en Estados Unidos, por ejemplo, donde los hombres no sólo buscan parejas más preparadas sino que esperan que ellas trabajen fuera de casa.
Pero seguí leyendo y me encontré esta perla:
“Y estas mujeres educadas cuando se casan tienen más probabilidades de hacerlo con un cónyuge menos educado. En estos casos la mujer tiende a trabajar más, mientras que cuando se casa con un hombre igualmente educado que ella se tiende a quedar en casa”.
Plop como Condorito. Es tan obvio pero a la vez tan duro que me dejó fría. Y me acordé de mi abuela que sin ir a Harvard (pero mucho más genial) dice de las mujeres que no les gusta estudiar “esa va pa’ la universidad a ver si se consigue un marido, no porque quiera superarse”.
Dios, que certera esa viejita mía… Pues resulta que sí. Todavía las mujeres construimos una sociedad en la estamos en desventaja. Nosotras marcamos las pautas de un juego en el que lanzamos los dados en el último turno y si hay chance.


Criamos hijos e hijas y elegimos esposos bajo unos parámetros que dicen: “tranquilo que si no estás a la altura de las circunstancias, nosotras nos bajamos para que no se note”.
Eso me hace acordar de un novio que yo tenía que era bajito pero se empataba con puras niñas altas y grandotas. Eso sí, ellas tenían que caminar en la parte baja de la acera para que él no se viera pequeño.
Así es el juego. ¿Por qué será eso,vale? ¿Será biológico, antropológico, social?
Nos casamos, claro, es chévere casarse, pero con hombres menos educados porque si están más educados que nosotras le cedemos el paso y nos quedamos en casa.
No lo sé… De verdad que esto no es un post teórico reflexivo es que me quedo pensando la cosa y digo “¡Pero por qué, por qué sí es verdaaaad!!!!”.
No debí ver ese estúpido estudio. Qué van a saber esos gringos en Harvard de los conflictos de alcoba de este continente caribeño.
No tenemos pene y ya. Así somos. Tampoco nos estampen en la cara su sabiduría estadística y científica “ay sí, esas latinoamericanas tan inteligenticas que se la dan y mira como son de gafas con los hombres”.
Eso es culpa de las novelas, del bolero, del reggaeton. De alguien tiene que ser la culpa. Cásate pa’ que veas…
PD: ahí les dejo el link por si acaso
http://www.bbc.co.uk/mundo/internacional/2010/07/100727_0209_mujeres_educacion_latinoamerica_jaw.shtml

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La novela de Manuela

Mi generación tiene el karma de haberse quedado en el medio de la Venezuela Saudí y la del Caracazo, por tanto la dinámica del dinero marcó mi historia inmediata. La ideología no nos determina. Pero si alguien me pregunta que quiero ser ideológicamente en este momento histórico prefiero decir que soy coherente.
Sí, ser coherente debería ser una categoría y más aún en un presente lleno de mezclotes doctrinarios.
Últimamente lo que más me molesta es la gente con discursos prefabricados, sin tener NPI de lo que expresa o lo que predica: es como una evangélica en mini falda.
Igual me molesta la gente que critica por criticar, simplemente por llevar la contraria. Así que trato de evitar ambos extremos y celebro o arrugo la cara según lo que creo, no según la acera donde esté parada en el momento.
Resulta que el fin de semana y el lunes feriado veía con atención lo que pasaba con Manuelita Saenz y el traslado de sus restos al Panteón Nacional. Me parecía una tremenda idea. Una revisión histórica de nuestra identidad latinoamericana.
La primera vez que supe algo de Manuelita fue en el bachillerato y su figura me impactó. Su historia me mataba porque la veía como una tipa sobrada para su momento y las mujeres así me fascinan “oye, Manuelita se ponía pantalones en 1800…. que tipa tan arrecha”, “¡Se acostaba con los tipos que le gustaban! Y porque quería, no porque le tocaba!!!”. Que tipaza la Manuela.
Pero cuando descifré el discurso oficial sobre la gran reivindicación de este personaje me invadió la decepción. La cosa quedó envuelta en un empaque de “feminismo” mal entendido y ¿qué hacen?: convierten a Manuela en una protagonista de novela mayamera.
¿Qué necesidad había de revolotear de manera tan cursi con esa historia de amooooor para que Manuela pudiera ser elevada a los honores históricos que se merecía?
¿Qué feminista puede ser convertirla en “la mujer de Bolívar”, “el gran amor del Libertador” para darle su sitial en la memoria latinoamericana?
O sea lo importante del discurso es que era un acto de amor. Que se reivindicaba que al fin estuvieran juntos. Que se merece un ladito en el Panteón para que repose junto a su amado.
¿Qué hubo una historia de amor? Si. Y maravillosa. De cartas apasionadas, encuentros y emociones.
¿Pero eso fue lo único que hizo Manuela? En todos los discursos lo importante terminó siendo que ella se enamoró, una manera de justificar cuando una mujer se acuesta con un hombre porque le gusta (y no es su esposo). Si lo amas está bien porque estás haciendo el amor y no teniendo sexo.
Claro, Manuela así sí puedes ir al Panteón, junto a tu amado donde se unirán en el polvo de la eternidad….
No vale. Manuela es mucho más que la reinterpretación del imaginario de Delia Fiallo. Que vaina tan cursi.
Y que conste, el feminismo trasnochado me molesta más que la “reinvidicación romantica” en que se convirtió todo.
Insisto: más que feminista o socialista, prefiero ser coherente.