Mínimo es el sueldo mío!

No voy a llover sobre mojado con un post que hable sobre el PÉSIMO, (rectifico) MUY PÉSIMO sueldo que ganamos los periodistas. No, hoy no voy a hablar de eso.
Más bien me voy a poner positiva y voy a agradecer que tengo sueldo y empleo, y además que tengo mis necesidades cubiertas (mentira, no puedo comprar tantos libros como debería pero bueeee…)
El punto es que cada vez que yo logro tener 50 Bsf en mi cartera (libres de impuesto sobre la renta) el billetico desaparece ante mis ojos en “minucias” que no se notan pero como restan.
Los vendedores de carrito son un reto. Eso de que “mil bolívares no empobrecen ni enriquecen a nadie” ya está pasado de moda.
Resulta que el pasaje son 2mil de los viejitos así que ida y vuelta por lo barato son 4 bolivarianos (si agarras un sólo transporte) lo que te deja esos bendecidos “mil” pa completar el pasaje del día siguiente.
Pero si te pones caritativo a creer que por andar sentadito y perfumado en un puesto estás en mejor situación que aquel que brinca de un autobús a otro, entonces usted está jodido.
El primero que se monta vende chicles. “Uno por dos, tres por cinco”. Como te da pena comprar uno sólo y descompletarle la oferta al muchacho terminas agarrando los tres: 5 Bs menos.
Inmediatamente llega el que vende calcomanias de muñequitos. No te sirven para nada, probablemente ni tendrás niños en la casa pero el tipo te las pone en la mano y te mira con cara de hampa y tú del susto terminas comprando la inútil hoja de adornitos: 8 Bsf en promoción.
Pero antes de que puedas bajarte, llega el discurso del señor que vende una especie de jabón milagroso “que cura caspa, acné, hongos en los pies y seborrea”. Imagínate si no va a curarte todo un mismo jabón que te pasas por la cara, la cabeza y los pies. Si no te cura te empareja.
Pero este señor que anda en muletas y es colombiano y huele horroroso a pesar de su gran jabón te dice que usted no va a pagar “ni 15, ni 12, ni 10, ni 7. Usted va a pagar sólo 6 Bsf por la maravilla artesanal de especies ancestrales amazónicas”. Y no se baja por nada del mundo hasta que alguien compra. Habla de Dios, de la familia, del amor, de las parejas, de la suegra. Y uno que intenta leer o escuchar música o seguir la vida, lo único que quiere es que el señor se baje. Compras dos por piedad: son 12 Bsf pa que el jabón de los pies no sea el mismo de la cara.
El de los mensajes de texto es el mejor. Intrépido y chistoso para que se te olviden los anteriores. Abre su morral y te da unas libreticas que tienen mensajes ya hechos listos para enviar. No piense mucho, no se ponga creativo. Hay de enamorados, de chistes, de despedida, picantes. Son todo un éxito editorial. “6 Bsf que no es nada para alegrarle el día a alguien”. Dame los mensajitos, vale. No voy a ser menos para mandar mensajes normales, comunes y corrientes que no estén a la moda.
Y cuando ya estás a una cuadra eterna de tu destino, se monta el vende gomitas. Ese ni siquiera te da la opción de elegir. Tienes que comprar dos paquetes que te restan 10 bolivaritos a lo que aún sobrevive en tus bolsillos.
41 Bsf has gastado sin siquiera llegar a tu trabajo y seguramente sin desayunar. Con esos 9 Bsf que sobrevivieron pagas un café (con suerte) y te quedan 4Bs para devolverte.
Pero que Dios te ampare de la mala mirada y el reproche de los vendedores que te encuentres de regreso cuando volteas la vista porque no compras nada.

Músculos

Los brazos tienen. Las piernas también. El corazón es uno. Ahhh y también la lengua. Dicen por ahí que si no se usan se atrofian, por eso a éste último siempre lo tengo en desarrollo.
Pero el asunto es que todos están relacionados con la fuerza.
La física es la más evidente. Siempre le he tenido grima a las fotos ochentosas esas de fisicoculturistas que exhiben sus enormes (y aceitosos) brazos en actitud gloriosa de luchador para que las ramitas verdosas de sus venas hiperdesarrolladas demuestren cuánta sangre se necesita movilizar en ese cuerpo.


Como esa es la imagen estereotipada de la fuerza llegué a pensar que yo tenía muy poca (por no decirme floja): no aguanto subir unas escaleras más allá del tercer piso y mi relación con El Ávila….. puro paisaje.
Lo más que soportaban mis brazos era una bolsa de mercado con el paquete de papel tualé y ni pensar que mi cuerpito brincara en una hora jadeante de gimnasio!!!! Todos los pasos que me tiré en la vida estaban aderezados con una botellita etílica y espirituosa, así que de ejercicio: cero + cero.
Pero un buen día feliz de 2008 descubro que estaba embarazada. Fuerte, pero para otro músculo: el del cerebro.
Mi otrora cuerpo de mamacita fue moldeando su significado con una hermosa curva frontal que traía consigo la siguiente ecuación:
Muchachita: 3 kilos (y una ñapa de 750 gramos)
Líquido amniótico: 3 kilos
Agua retenida: de 2 a 3 kilos según el día
Grasita para alimentar: De 4 a 5 kilos más
Senos ya frondosos rellenos de leche: 3 kilos
Humanidad completa = 78 kilos
Todo esto con ropa y demás enseres daba un peso de 80 kilos (in crescendo) durante ocho meses y medio que anduve como peatona en esta sudorosa ciudad.
Pero eso era apenas el paso uno del entrenamiento que me venía.
Mi hija es una muchachota, como diría mi abuela. Con año y medio ya pesa 13 kilos y mide 87 centímetros. Pura fibra.
Todavía está en edad de cargar y cuando camina suele ir más rápido que yo. Cada vez que salimos me llevo un bolso de (por lo barato) kilo y medio de peso. Una muñeca o libro o perolito cualquiera de peso variable. Y ella. Toda hermosa con sus lazos y faralaos de princesa.
Lo que quiere decir que mi entrenamiento es aeróbico y anaeróbico al mismo tiempo, con rutinas equilibristas para mantener tanta coquetería en su santo lugar.
Además uso transporte público: sauna incluido.
Cuando me bajo del autobús después de haber corrido tras ella por todos lados, haberla cargado con un sólo brazo (porque en el otro va el bolso) para cruzar la calle a toda velocidad en carrera de obstáculos y apretando entre pulgar y meñique el juguete (que si se pierde hay catástrofe) y en el otro dedo índice, la bolsa del mercado de frutas que lleva por lo menos 5 kilos, el sudor rueda copiosamente pero no tengo manos libres para secarme.
Y como si fuera poco en la primera de las seis cuadras para llegar a la casa su pequeña cabecita se recuesta de mi hombro y cae rendida.
NOTA MARGINAL: los científicos han determinado que el sueño de cualquier infante le suma de cuatro a cinco kilos a esa pequeña pero sólida anatomía.
Llegué. La acosté, me vi los brazos y me revisé las piernas: no están más musculosos que antes.
Entonces entendí que esa fuerza que sobrepasa lo físico nos viene de otro órgano más fuerte y desarrollado, más musculoso pues, el que hace sístole y diástole en cada ejercicio: el miocardio u/o corazón.
Ese músculo sí que es fuerte. Cómo aguanta peso y cómo carga cosas encima…
Es la única explicación. Porque sino voy a pensar que la leche materna tiene esteroides.