Las que hilan las historias

Menos mal que Gabo jamás va a leer estas líneas porque estoy segura que le daría un patatús, cosa que ni en pesadillas quiero tener sobre mis hombros. Y mucho menos a él que lo amo de la forma más pura y complaciente que se pueda conocer.

Mi atrevimiento surge con el discurso de Vargas Llosa por el Nóbel, en el que se pone a llorar cuando reconoce públicamente que su esposa “hace todo y todo lo hace bien”. Me dije: ¿dónde he escuchado esto antes?

“Sin ella mi vida se hubiese disuelto en un torbellino caótico“, dijo un Vargas Llosa lloroso y con la voz quebrada. De inmediato en mi mente apareció Gabo. O mejor dicho: Meche.

Una vez vi una entrevista en la que García Márquez decía casi con las mismas palabras que si no fuera por Mercedes se hubiese muerto de hambre -pero ahí sí, literalmente-. Y agregaba que como lo único que él podía hacer bien era escribir pues Mercedes hacía todo lo demás. Ella era el universo detrás de él que lo mantenía en su eje y hacía que todo girara ordenadamente sobre su órbita.

Ellos escriben. Y ellas hacen el resto. Son las hacedoras. Cuando Vargas Llosa dice que su esposa “mantiene a raya a la prensa, administra la economía, decide las citas y los lugares” es una mínima muestra del trabajo que implica dirigir la vida real de alguien que vive en (y de) la ficción.

Igualito lo dice García Márquez. Y aunque estos dos tienen 30 años que no se hablan y dejaron de ser amigos con el sello de un puñetazo, me doy cuenta que son la misma cosa en dos presentaciones distintas. Es más me atrevo a decir (Gabo no me va a leer) que las que decidieron el punto final de esa relación fueron ellas: Meche y Patricia, haciendo lo que mejor hacen las mujeres: cuidar lo suyo.

Si no me creen, les cuento. En una de las pocas entrevistas que Gabo ha aceptado, en 2006 el periodista Xavi Ayén de Clarín, llega a la residencia en México de los García-Márquez-Barcha y escribe: “nos invita a tomar asiento y nos deja claro que hará una excepción sometiéndose con resignación a esta entrevista, porque no ha sido capaz de resistirse a la confabulación de su entorno familiar y afectivo; en ese momento, nos agarra del brazo y nos pregunta, en un susurro: “Y ahora, díganme, ¿cuánto le han pagado a mi mujer?”.

Minutos más tarde, con el entrevistador un poquito menos intimidado por el figurón que tiene enfrente, la conversación llega al tema Vargas Llosa. Pero quien responde es Meche:  “¿No ve posible que, algún día, se produzca una reconciliación? En ese momento, su esposa, Mercedes Barcha, que ha entrado en el estudio hace unos minutos, responde con contundencia: “Para mí ya no es posible. Han pasado treinta años”. “¿Tanto?”, pregunta Gabo, sorprendido. “Hemos vivido tan felices estos treinta años sin él que no lo necesitamos para nada”, asegura Mercedes, antes de matizar que “Gabo es más diplomático, así que esta frase pueden ponerla exclusivamente en mi boca”. 

Sólo remato. Dos apellidos fuertes. Vargas Llosa, García Márquez. Mucha pluma, mucho genio. Una pelea, mucha publicidad. Dos leyendas. Y al final son el resumen de dos nombres: Mercedes y Patricia. Son igualitos: ellas son las que mandan.

PD: El link de la entrevista de Gabo http://tinyurl.com/2amhaew

Y el videito que generó esta conclusión.

 

Anuncios

Mis 10

A propósito de esta recopilación que realizó el diario El País (España): http://tinyurl.com/6rf2yj se me ocurrió ponerme a pensar en los 10 libros que en lo poco que llevo de vida me han removido el cerebro y estremecido los sentimientos. Como sé que me falta muuucho por leer y que seguro esta selección crecerá o mutará en otra cosa, les presento hasta ahora mi lista:

1)      La divina comedia. Dante Alighieri

2)      Rayuela. Julio Cortázar

3)      La Ilíada. Homero

4)      El perfume. Patrick Suskind

5)      El amor en los tiempos del cólera. Gabriel García Márquez

6)      Ficciones. Jorge Luis Borges

7)      A sangre fría. Truman Capote

8)      Soldados de Salamina. Javier Cercas

9)      Cien años de soledad. Gabriel García Márquez

10)  El round del olvido. Eduardo Liendo

Por supuesto que hay más que me vienen a la cabeza pero la idea del ejercicio era sacar de mi memoria esos momentos que no se me borran. Esos días en lo que estos 10 señores me hicieron quedarme sin dormir toda la madrugada, seguir de largo en la parada por no cortar el capítulo o sencillamente cerrar el libro y ponerme a llorar (gracias Rocamadour, gracias Fermina Daza).

Voy a agregar una ñapa porque es el que estoy leyendo en este momento y como ya ha generado en mi estos sentimientos, estoy segura que apenas toque la última página será miembro fijo de esta lista: Ensayo sobre la Ceguera de José Saramago.

¿Y ustedes tienen su lista?