Sin morir en el intento

Cada vez que veía en una de las telenovelas que la protagonista se iba de escapada romántica con el galán a una playa insólitamente hermosa, se quedaban en el mejor hotel, no llevaban equipaje y no tenían reservación de nada, mis ojitos brillaban de ilusión de que eso me pasara, como supongo el de miles de venezolanas amamantadas con la novela de las 9.

En esos momentos de romance efervescente yo sólo pensaba: “¿y estas tipas siempre están depiladas perfectamente? ¿De dónde sacaron ese sombrero tan glorioso que les combina con las sandalias?”.

Pero resulta que estas historias de amor (si es que son posibles) están en riesgo. Está en juego la supervivencia del romance. Ustedes dirán “¿qué cuento es este?”. Pues fijense: cómo carajo se puede ser romántico y espontáneo en este país con el dólar controlado, los trámites bancarios, los hoteles usados para los damnificados y la inflación más arriba que los cocoteros de Playa Medina ¿ah, ah, ah?

El cuento es que mi esposito viene y se lanza un plan romántico de esos que se tiene que calar cuando yo veo la novela. El tipo coge dato, anota y ejecuta: después de tres años sin salir solos y con las vacaciones comprometidas en plan familiar, el pobre hace el esfuerzo logísitico y se confabula con mi mamá para que se quede con la pollita (ella accede feliz con Sophia libre de padres).

Pero la realidad lo aplasta. El cupo Cadivi es reducido porque vamos a un país cercano así que tiene que destrozar el factor sorpresa porque tengo que activarlo yo también. Hay que pedirlo con 15 días hábiles de anticipación y rezar para que te den la cita en ese mes antes de irte. Pero no pueden ser más de 21 días. Ni menos de 5. O sea 16 pero hábiles. Sin los bancarios y sin contar que los ejecutivos de cuenta se van de reposo y no dejan sustituto y te mandan a ir “otro día” (!QUE NO TIENES!)

Menos mal que tienes 15 días. Ehhh, ya va. No realmente. Tienes que hacer las carpetas. Tatatatannnnnnn. Qué momento. Qué desgracia. Ni las manualidades más inútiles que ven las amas de casa en televisión tienen tanto trabajo.

Las carpetas deben ser tamaño oficio pero las hojas carta. Deben tener separadores que en realidad resultan ser hojas blancas. La cédula tiene que decir “esto que viene a continuación es la CÉDULA”. Y el pasaporte también no vaya a ser que se confundan. Tiene que venir con etiquetas por si acaso. Y debe decir lo más redundante y cacofónico posible: “Solicitud de autorización para utilización de adquisición de liquidación de tarjetas de crédito para bla bla bla bla. Forma 301”.

Por supuesto mientras más fotocopias y carpetas te pidan, más árboles morirán y Cadivi será más amable con el planeta.

Finalmente, el plan romántico tarda más de lo que esperabas y como te tocó gastar tanto dinero en copias, carpetas, trámites, pagos de tarjetas de crédito para poder salir del país y etcéteras, se te olvida lo fundamental: ¡¡¡el último trajebaño que me compré era talla S (por supuesto antes de la época mamá) y necesito una tarde para depilarmeeee!!!

Así que declaro al mundo: nosotros en este país sí que somos heroes y heroínas del amor porque si después de este largo y doloroso proceso que implica una escapada romántica, aún así sigue viva la llama de la pasión (como diría la reina Delia) y superamos todos los obstáculos, seremos felices para siempre… hasta que Cadivi nos separe.

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