Con la vara que midas


No sé a quien agradecerle esto pero me hizo el día. Quien quiera que lo haya hecho y divulgado le cuento que estoy orgullosa, chico.

Me encuentro con este link http://www.targetmap.com/viewer.aspx?reportId=3073 que resulta ser un mapa mundial del centimetraje de las bondades naturales de la dotación masculina. Y destaco lo de naturales porque ahí no hay engaño ni tecnología que valga, como diríamos en criollo, no-hay-tu-tía: si lo tienes bien, San Pedro te lo bendiga peeeero si no es así… triste por ti amigo, no hay prótesis ni bisturí que te salve el autoestima.

Cuando reviso la estadística me intereso por la data, los indicadores comparativos, las referencias y analizo minuciosamente. En este caso el penis size worlwide es bien gráfico: le pone colores a los países para que quede claro cuáles son las zonas críticas donde usted mi querida amiga no puede aspirar mucho.

Debo confesar que cuando revisaba los países mi cerebro hacía la traducción de esta manera:

Rojo: “uuuu, pobrecitos”.

Naranja: “bueeee… por lo menos”.

Amarillo: “ahí-ahí”.

Verde claro: “gracias Dios”.

Verde oscuro: “¡Muchacho, ave María Purísima!”.

Y aquí me detengo porque está mi país. Bien verdecito pa’ que no quede duda. A la cabeza de unos vecinos brasileños que resultaron regularzones, unos sorpresivos bolivianos (no quiero poner en duda los resultados) y unos sureños por debajo del promedio de bateo.

No voy a hacer ningún comentario sobre los asiáticos en general y meeeenos sobre los chinos: no siempre el 10 es puntaje perfecto.

Lo que tengo que reconocer es que sonreí con este éxito biológico y geográfico del género masculino “de esta ribera del Arauca vibrador” (no es mi culpa, lo dice la canción).

La razón es simple: si nos basamos en el azar y la teoría de las probabilidades, es muy posible que a las mujeres locales les toque un frondoso y bien presentado amigo. No lo digo yo, lo dicen los números.

Esto no quiere decir que porque la naturaleza los dote, ellos lo aprovechen. Todos tenemos un cerebro pero no siempre está encendido. Conozco mucha gente con hermosas voces y terribles verbos. Es decir, el tamaño si importa pero hay que saberlo administrar. Así que mosca paisano.

Pero debemos reconocerle a los chicos que con sus 17 centímetros de promedio según las estadísticas, podemos concluir que la materia prima es buena y el mapa revela que van bien parados… y a la cabeza.

Taconísimas

“Siempre desconfía de una mujer que use tacones un domingo”. Así le voy a decir a mi hija cuando crezca.

Es una lección que aprendí ayer y ahora me lo tomo tan en serio como los mantras del Dalai Lama. La razón es muy simple: sólo una mujer con suficiente malicia y persistencia aguanta un día tan libre como ese para encaramarase en dos altímetros de incomodidad.

¿Qué son los tacones? Un invento para la apariencia. Te hacen ver más alta. Te hacen lucir delgada o más estilizada. Te ayudan a destacar por encima de las demás. Hacen que tus pasos se vean firmes y sensuales. O sea: no hay razones útiles para usar tacones. Sólo parecer que. Lo que está muy bien porque es un recurso de supervivencia que todas necesitamos en nuestro armario pero ¿un domingo? No. Algo malo debe haber en una personalidad que usa tacones un domingo. Y puedo probarlo.

Estaba yo en la cola del cine comiendo mis cotufas ansiosa y anticipadamente (no sé explicar el fenómeno pero nadie puede evitarlo) cuando de pronto siento unos tac tac tac tras de mí. Volteo sin disimular y planto la mirada en el suelo. Unos plateados y afilados tacones de por lo menos 15 centímetros. Al lado, otro par más discreto. Botas negras pero como mínimo 10 centímetros. Me dio vértigo. Ni le vi las caras a las dueñas de los zapatos. Suficiente carta de presentación.

Instintivamente hago un movimiento de mis piecitos para verificar lo cómodos y libres que están porque es DOMINGO. Sonrío feliz por la dicha de las cholitas estandarizadas para salir.

Y empieza esta conversación que por supuesto yo escucho:

-¿Cuál es la que vamos a ver?-

-La que se ganó el Oscar-

-Aja ¿y cómo se llama?-

-No sé, algo de un rey-

-Ah… déjame ver que dice la pantalla… “El discurso del rey”, se llama-

-Esa misma-

-No hay para la función de las 7 sino a las 9 y 40-

-Ay no. Dos horas y media sin hacer nada. Aquí (Centro Plaza) todas las tiendas están cerradas. No hay nada que ver-

-Y entonces, decídete rápido ¿elegimos otra? ¿Llamamos?-

-No vale. Te dije que fuéramos al Sambil. Pero tú no, que el Centro Plaza, que el Centro Plaza-

-Ay ya, qué fastidio. Vamonos a tu Sambil y vemos cualquier cosa. Total, de ahí nos vamos pa otro lado-

-Ok pásale un pin y dile que mejor vamos al Sambil, que allá nos vemos-

Y con su tac tac tac en estéreo desaparecieron en dos minutos.

Nota de la intrigante autora: se me había olvidado que el cine es una excelente excusa para cuadrar con alguien y no una actividad por sí misma.

Sí, ya sé. El objetivo es verse bien. Eso es válido y vital. Lo demás es accesorio.

Pero por eso digo: tienes que estar cazando un objetivo y ser demasiado persistente para andar con algo que te obliga a separar los pies de la tierra y sostiene tu autoestima en un delgado hilo de equilibrio, sólo por glamour.

Ya lo dijo el mismísimo Dios (en serio, por ahí debe estar escrito) :“No te pondrás tacones los domingos porque aunque sea un día hay que dejar de aparentar”. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.