Reto #30libros

Día 17. Uno de este año: (Explicación previa, ver apartado 2)

1) Ya sabía yo que iba demasiado bien con el reto. Puede ser que no entienda la premisa pero si se quiere que el libro sea de este año, estoy pelando porque nunca he podido leer un libro recién publicado. Y si son best sellers menos. No sólo porque no me fijo en que año salen publicados sino porque prefiero que estén reposados en la fiebre colectiva.

2) Si la premisa se refiere a uno que leí este año… ahhhh así cambia la cosa. Voy a hablar del único libro que he podido leer este año para mí (los demás son los cuentos para Sophia porque todavía depende de mi para descifrar las letricas esas que forman el alfabeto y producen la magia de leer).

Este libro fue una revelación: Operación Masacre de Rodolfo Walsh.

Llegó prestado y con fecha pronta de devolución. Además su dueño me ve a diario así que no podía fingir demencia y convertir este libro en el item 29 del reto. Pero no me faltaron ganas. Para los periodistas es una de esas piezas que te hacen morir de la mejor envidia y decir “así quiero escribir cuando sea grande”. La tensión, la historia, la investigación y el relato son una joya lograda por este periodista argentino que narró cómo un grupo de hombres se salvó de un fusilamiento mal ejecutado, presuntamente por participar en un complot contra el gobierno en el que la mayoría no tenía ni arte ni parte.

Walsh se adelantó por lo menos cinco años a lo que se conoce como  “nuevo periodismo” (deberíamos cambiar ya ese nombre) y ni Tom Wolf ni Truman Capote sabían que en Argentina este señor había planteado los fundamentos de la “non fiction”. Para ironías de la vida, Walsh terminó siendo otro personaje de esa historia negra de las dictaduras argentinas porque aún hoy figura como uno de sus más célebres desaparecidos.

Reto #30libros

Día 16. Uno ruso que sí haya leído. Crimen y Castigo. Fedor Dostoievsky

Al leer el postulado del reto que dice “uno ruso que sí haya leído”, recordé a un buen amigo de la universidad que me dijo al verme para arriba y para abajo con este libro: “tú si eres rara, lees literatura rusa y además te gusta”. Hasta ese entonces no había caído en cuenta de que la gracia de estos tipos es ser tan intensos que ni ellos mismos se soportan.

Así tal cual es Raskolnikov, el protagonista de Crimen y Castigo que se la pasa en un sufrimiento que tiene que ver con todo menos con su crimen. Eso lo lleva a un tremendo delirio psicológico en el que peregrina en sus juicios morales y eso lo vuelve loco a él, a su mamá y a todo el que lo lee. Pero me quedé pegada con los delirios del pana Raskolnikov y me leí la historia entera. Lo más cumbre es que inmediatamente después agarré Los hermanos Karamazov y también la terminé. Pedazo e loca.

Día 15. Uno que haya amado hace años y hoy reniega: Aura. Carlos Fuentes

No tanto como renegar de él pero ciertamente ya no me causa la fascinación que en un momento me produjo. Creo que influyó la edad en la que lo leí por primera vez. Tenía como 14 años y apenas descubría que los autores se daban licencias y que la segunda persona, el “tú” podía funcionar como elemento narrativo. Era así como que “ohhh, esto no lo había visto”. Después seguí leyendo y me di cuenta que no era la cumbre de la osadía literaria. Aunque lo reconozco como una buena lectura tampoco diría como en otra época: “¡tienes que leer este libro, es diferente y único!

Día 14. Uno que haya odiado hace años y hoy admira: Un mundo feliz. Aldous Huxley

Cuando este libro llegó a mis manos era el quinto en la cola de lecturas obligatorias. Me iban a evaluar en un mes y además me lo había mandado una profesora de filosofía bastante detestable. Pobrecito. Mal momento. Después de una semana de lectura no entendía la teoría del pana Huxley y no sabía para qué me iba a servir en la vida. Que si los Alfa, los Gamma, que si la muerte se celebra y del nacimiento se hace duelo… Nada de feliz en ese mundo. Lo terminé, me aprendí ciertas cosas claves para el examen y dije “chao, contigo Huxley”.

Pero como cuatro años después, otra profesora mucho más amigable y conciente de lo importante que es saber enseñar, me dijo que si conocía este libro. Me reí con cara de  “sí, pero ni lo sueñes”. Me insistió y me dijo que le diera una segunda oportunidad. Se la dí.

Fue como que si nunca lo hubiese leído. No había notado que se me presentaba una sociedad perfectamente planificada que se basa en la determinación genética y donde se distribuyen las clases según la casta que domina tu ADN. Un fume total pero que ahora no me parece tan futurista, ni tan ficticio. A veces me sorprendo con cosas que me recuerdan a esa sociedad casi premonitoria que diseñó Huxley. Este es un libro que tengo a la mano, cerquita. Por si acaso se me olvida para donde es que vamos.

Reto #30libros

Día 13. El primer libro que leyó (tuve) en su vida: Platero y yo. Juan Ramón Jiménez

No tengo la certeza de cuál fue el primer, primerito libro que leí “de corrido”, como dice mi mamá. Sé que tuve que aprender a los 4 años porque era (soy) muy fastidiosa y vivía con adultos que se cansaron de que los persiguiera para que me hicieran el favor de leerme un cuento.

Tengo la idea de que empecé con una colección sencilla de cuentos clásicos (Pulgarcito, Pinocho, El príncipe feliz, Hansel y Gretel) que venían con el diario 2001 y se compraban los viernes. También recuerdo un libro polvoriento y vieeejo que llegó a mi casa por azar y que tenía una compilación de cuentos venezolanos de los cuales recuerdo con exactitud El diente roto de Pedro Emilio Coll. Fue la primera vez que busque en el diccionario una palabra que no entendía: granuja.

Es que en mi casa llena de gente, de ruido y de música no existía una biblioteca como tal o un espacio que lo pareciera y esa estructura creció conmigo. Lo que sí recuerdo es que el primer libro que me compraron fue Platero y yo, que fue elegido porque tenía un burrito en la portada.

Gracias a él me tuvieron que comprar un estante pequeñito para que guardara el libro en algún sitio pero como era el único que tenía, entonces me tuvieron que comprar más libros para llenar el estante. Cuatro bibliotecas más tarde, ese vicio no se me ha quitado y por eso Platero y yo se convirtió en el primer libro que leí (tuve) en la vida.

Reto #30libros

Día 12. Una biografía: Vivir para contarla. Gabriel García Márquez. 

Menos mal que Gabo hizo este libro antes que la biografía aburridiiiisima y enciclopédica de Gerald Martin (2009) porque si alguien tiene que contar su vida es el mismo Gabito. Escribe sabroso, habla sabroso y nos advierte desde el principio que “la vida no es la que uno vivió sino la que uno recuerda”.

Una vez tuve la suerte de sentarme a hablar un buen rato con Jaime García Márquez, uno de sus hermanos menores. Estábamos en Cartagena y por una afortunada tarea que debía entregar en un taller de periodismo, él se ofreció a servirme como “echador de cuentos” del estilo de vida de los costeños. Por supuesto Gabo fue protagonista más de una vez. Y a mi se me aguaban los ojos de la emoción cual fan enamorada que soy de ese viejito loco. Esa maravillosa sensación de “conocerlo” a través de su hermano es irrepetible. Y como los enamorados nunca se cansan de saber más sobre el objeto de su afecto, este libro sirvió para llenarme de más anécdotas y darle voz a los demás personajes que forman la película mental de Gabo.

Si muchas de las cosas ocurrieron o no, a mi realmente no me importa. Gabo es el protagonista y va andando como personaje en su novela particular.

Reto #30libros

Día 11. Uno que lo haya motivado a visitar algún lugar: Casas Muertas. Miguel Otero Silva

Sé que es muy raro porque no es ningún lugar de Europa, ni ninguna ciudad chic de Suramérica pero es la pura verdad. Este libro me llevó a conocer Ortiz, el pueblo que protagoniza esta historia. Tendría como 13 años y en mi cabeza se reproducían las calles polvorientas del pueblo y me imaginaba a sus personajes caminando fantasmagóricos por las ruinas de las casas.
Como tres años después, por obra y gracia de un viaje familiar y una carretera derrumbada, tuvimos que meternos por una vía en medio del llano. Ahí estaba el letrero: Ortiz 42 km.

No teníamos apuro así que le dije a mi tío: “vamos, por favor quiero conocer el Ortiz de verdad”. Ahí supe que la imaginación tiene mucho de truco pero también que va más allá de lo comprensible. Había calles tal cual como las construí en mi mente. Esquinas en las que me paraba a ver casas que podía jurar que había visto antes. Me daba como miedito pero volví a imaginar a Sebastian muriendo de hematuria en una de esas casas.

Con los años comprendí que ese pueblo son todos los pueblos. Los que pasamos alguna época de la infancia en un lugar así, olvidado en el medio del polvo y arrastrado por el tiempo tenemos una imagen similar de las casas muertas que Otero Silva mostraba en su historia. Son las mismas casas y por eso tenía la sensación de haberlas visto antes.

 

Reto #30libros

Día 10. Uno con una pésima versión cinematográfica: El amor en los tiempos del cólera. Gabriel García Márquez

En este caso pongo el afiche de la película y no la portada del libro porque ese es mi primer ejemplo de que no tienen nada que ver, mejor dicho el libro no tiene la culpa.

Debo decir que por muchos años mi vida como lectora giraba en torno a Gabo. De hecho sus libros son el centro de mi biblioteca como para que se sepa sobre quien se soportan mis gustos. Dicho esto, cuando fui a ver la película ya iba con desconfianza. Y lamentablemente tuve razón. Cuando una versión cinematográfica es buena uno ni siquiera piensa “es que en el libro pasa así o el personaje del libro hace esto”. He ahí el problema.

Primera queja: protagonistas que sonaban a todo menos a latinoamericanos. Javier Bardem es un duro y aunque para mi gusto no daba con el perfil desolado y romanticón de Florentino Ariza, lo respeto. Pero la Fermina Daza italiana y el Dr. Juvenal gringo- mexicano de Benjamin Bratt, cero uno. Sosos, sin química y sin pasión.

Pero mi grave problema con esta película es que su título es su esencia. Florentino SUFRE de amor, lo sufre, lo padece como el cólera. Lo suda, lo llora, lo estremece, lo enferma, el amor se le manifiesta en el dolor de los huesos, en las noches de fiebre, en la tristeza. Esa es la magia y la vida del libro. En la película todo eso se resume en una escena oscura y sin hilación en la que Javier Bardem suda una fiebre en su cama. Y digo Javier Bardem porque ese no era Florentino Ariza.

Lo único bueno que me dejó la película es que volví a leer el libro y lloré ese amor otra vez, como debe ser.

PD: Iba a colocar en este item Ensayo sobre la ceguera pero la versión cinematográfica es taaan mala que no merece ni la pena.

Reto #30libros

Día 9. Uno con una excelente versión cinematográfica: Soldados de Salamina. Javier Cercas.

Con este libro hay una especie de trampa porque en mi caso primero vi la película y por ella fue que llegué al libro. Cada relato, el visual y el narrativo muestra identidad propia. El mejor ejemplo es que en la película el papel que sirve como eje narrativo (nada más y nada menos que el autor-periodista) lo hace una mujer y su personaje es tan complejo dentro de la feminidad que cuando lees el libro y te encuentras con la 1ra persona de Cercas como narrador funciona de manera totalmente distinta como personaje.

Nada interrumpe, nada colinda. La narrativa del cine logra unas cosas y la del libro logra otras. Y ambas te quedan repicando en la cabeza por mucho tiempo.