Parques BBS: 1ra ruta

En estos casi tres años de experiencia que llevo de andar y desandar con Sophia y de repensar a Caracas como sitio de paseo me he dado cuenta de que esta ciudad:

1) Tiene hermosos espacios públicos pero descuidados.

2) El paseo no es una de sus prioridades.

3) Pasear con niños es sumamente caro porque está relacionado con los centros comerciales.

Así que fui buscando opciones según mi golpeado bolsillo de periodista. Cada vez que consigo un lugar agradable, limpio, aceptablemente seguro (ya sabemos lo relativo) y en especial apto para mamás y bebés lo ubico en lo que llamé “Parques BBS“: Bonitos, Baratos y Seguros.

Lo mejor es que están aquí en nuestra gran casa: Caracas. Estoy segura que ella nos agradecerá si seguimos en la calle queriéndola. Así que con la regularidad que me permitan mis otros oficios, los viernes compartiré esta pequeña guía de opciones por si se animan a usarla el fin de semana.

Gimnasio al aire libre Los Próceres

Este parque-gimnasio tiene castillos y barcos con toboganes, ruedas y todos los periquitos que sirven para treparse y lanzarse. La mitad es para niños pequeños hasta los seis o siete años y la otra mitad para niños hasta los 12 años. Están nuevos pero como son de buen material si nos ponemos serios pueden durar muchísimo. Nada de metales, cables sueltos o tornillos flojos.

También hay animalitos regados por el área que son como patos y caballos de sillita para niños máximo de cuatro años. Como siempre ocurre hay que estar pendiente de los zagaletones y las mamás indolentes.

Lo más fino es que en el mismo espacio hay un circuito variado de máquinas de ejercicio para los adultos. Dicen “para mayores de 13 años” y aunque algunas ya están dañadas, la mayoría funciona y son fáciles de usar.

Para los más atléticos hay máquinas para hacer pesas, barras y ejercitar los músculos. Si anda en grupo también hay una cancha para jugar voleibol y un espacio abierto para trotar.

Lo que también hay es bastante tierra, así que no lleve a los niños muy arregladitos porque la idea es que se diviertan.

Coordenadas:

El punto: Dentro del Paseo Los Próceres (unos metros antes de los monolitos, a la altura de la entrada al sector El Laguito)

Cómo llegar:

    • Dos estaciones de Metro (Los Símbolos y La Bandera).
    • Autobuses que pasen por Santa Mónica o El Valle y se quedan en la parada del Centro Comercial Ipsfa.
    • Carros y motos particulares (estacionar al principio del Paseo sólo a mano derecha.

Para comer: No está permitida la venta de chucherías pero algunos vendedores se van coleando y tienen heladitos caseros, tizana y jugos.

Hidratación: Hay un tanque de agua potable en la entrada, lleven envases para recargar. Los domingos el agua suele acabarse antes de las 4 pm, así que se recomienda comprar por si acaso en el Ipsfa que trabaja hasta las 8 pm (hay Central Madeirense, Farmahorro y quioscos).

Seguridad: Los militares tienen ubicada la carpa de vigilancia allí mismo y los guardias patrimoniales hacen rondas a cada rato. Tienen equipos para prestar primeros auxilios. Se puede pasar la tarde sin mayores sobresaltos.

 

¿¿¿Dónde están las tallas???

Sitio whisperingroseradio.com

Sé bien que a las mujeres nunca hay que creerles la edad ni el peso que dicen pero juro por mis antepasados femeninos que diré la verdad en este post, a fin de comprobar mi teoría: ALGUIEN SE ROBÓ LAS TALLAS.

Érase una vez yo fui talla 12. Así como en los cuentos de princesas con cinturita de avispa y todo. Gracias a mi mezcla afrodescendiente me desarrollé con buenas posaderas y no entraba cómoda a un pantalón talla 10. Pero me veía bien así que cero conflicto.

Como soy floja para medirme ropa, simplemente entraba a las tiendas veía el modelito y buscaba la talla 12. Durante más de seis años nunca me pelé. Ajustes más, ajustes menos entraba sin problemas.

Un día muy feliz me embaracé y me creció una panza que me elevó en la categoría de mamacita a mamá. Y ahí empezó el problema. Nunca más encontré mi talla. Primero me dije: “ok, engordaste mija ¿qué esperabas?”. Llegué a 79 kilos, entré en pánico y eché pa’ atrás. Pero nada. Así como bajaba de peso, así mismo me alejaba de lo que algún día fue mi talla. No la alcanzaba. Entré en un estado de culpa donde me responsabilizaba por engordar y ahora estaba atrapada en una talla 15-16 que me estaba volviendo loca. Me negué a comprar pantalones nuevos hasta que lograra rebajar y lo hice.

Orgullosamente perdí 9 kilos, que en cualquier momento de mi vida hubiese sido una escalada al Everest de la buenura y zas… me fui a comprar jeans. Moderada y todo pedí una talla 14. Pero no me subió de las piernas. Uffff…. hiperventilación dentro de los miserables probadores donde uno siempre se está asando.

Ok, ya va ¡¡¡¡Peso 70 kilos y no me sirve una talla 14!!!!!!!! Con las lágrimas en la punta de los ojos pedí el 15-16 y me subió pero apretadito. NO PUEDE SER (por no decir NO ME JODAN). Mi esposo que me ama me dijo que ese me quedaba “bien”. No, bien no está bien.

Por puro masoquismo le dije a la chica que me mostrara el talla 12. Ni con 50 kilos entro en esa menudencia. Me fui derrotada. Empecé a preguntarle a mis amigas y resulta que a todas les ha pasado algo así. Hasta a las flacas que no han tenido que luchar con cambios hormonales en su organismo. Resulta que ahora la talla 12 es lo que hace unos años era la 6!!!!! S-E-I-S, se lee seis. O sea nos picaron el cuerpo a la mitad.

Yo era talla 6 cuando tenía 11 años. Esto quiere decir que una mujer normal, desarrollada, venezolana (con carnita) y sana no debería meterse en esa talla. ¿Quién define eso? ¿Ahora por cuál medida internacional nos estamos midiendo? ¿Qué carajo está pasando con las tallas? No me quiero justificar, no pretendo ser talla 12 después de haber engordado y sin hacer ejercicio pero no soy yo nada más ¿En cuatro años pasé de talla 12 a 16 sin un exceso de peso considerable?

Yo nunca he pesado menos de 60 kilos ¡Nunca! Pesaba 63, 65 kilos y podía entrar sin problemas e incluso de algunas marcas me servían los talla 10 y ahora ¿los 16 me quedan forrados?

Si esto me pasa a mi que soy adulta, con poca inclinación a la culpa y al trauma, estable psicológicamente y con un pasado de mamacita que me dejó el autoestima firme, no quiero ni imaginarme a las pobres adolescentes que están en su peso ideal y sin embargo no logran meterse en la engañosa talla 6. De un número de pantalón a la anorexia hay sólo un paso.

Reto #30libros

Día 18. El que más veces ha leído: Cien años de soledad. Gabriel García Márquez

(Paréntesis: Tengo tres ediciones pero las otras dos están vírgenes, ésta fue la primera y es la que sigo leyendo aunque las páginas ya se le caen. Manías que no voy a explicar)

Para mí este es un libro fundacional. Desde la primera vez que lo leí cuando tenía 13 años me di cuenta que no entendía un montón de cosas y que en algún momento tendría que volver a Macondo.

Volví a los 16 años por la excusa de hacer la tarea más esperada (por mí) en el bachillerato. Pude delinear un árbol genealógico para guiarme pero aún me faltaba mucho. Nuevamente hice el viaje a los 19.

Tengo que explicar que sé cuántos años tenía en cada lectura porque lo escribí en un papelito que dejaba en la última página al terminar de leer (sí, cucú). No sé porque anoté la primera vez “agosto, 1995” pero cuando lo encontré en la segunda oportunidad lo volví a hacer. Y ahora me emociona hacerlo.

Cinco marcas ha tenido Cien años de soledad. La más reciente fue en 2007 cuando el libro cumplía 40 años de publicado, Gabo sus 80 años de vida y 25 de recibir el Premio Nobel, año en el cual yo nací por lo que jamás me equivocaré si me preguntan eso en Quién quiere ser millonario.

Y cada vez que lo leo se me revelan las claves de Melquíades casi como clarividencia. Entendí que antes del Alzheimer existió la peste del olvido, que es muy común que las niñas se casen con viejos y se mueran reventadas en el parto como la primera Remedios y que las mujeres bellas (se) pueden volar por amor.

No sé cuántas veces más me falta por leer Cien Años de Soledad pero estoy segura que el día que cumpla mis 100 años y cierre la última página, un torbellino de viento me llevará para siempre.