Amanecerá y veremos

Esta mañana en el colegio de Sophia tuvimos una reunión de padres y representantes. A las 7 am arrancó la cosa porque había como tres puntos que decidir. Yo medio dormida pensaba que esa no podía ser una buena hora para pensar claramente y lo que me imaginaba era un rico café.

La directora dice ” sólo las mamás o los papás pueden votar, no las abuelitas o los hermanitos y quien sea que entregue a los niños”.

De repente volteo y veo a mi lado a una niña de camisa azul levantando la mano. Una maestra se le acerca y le dice bajito: “no puedes votar, tienes que decirle a tú mamá para que venga a la reunión”. Acto seguido la chica sonríe y le responde: “es que yo soy la mamá”.

Paf. Me desperté del tiro. No lo pude evitar:

-¿Cuántos años tienes?, le pregunto.

– 16 años- me dice. Apuradita ve el reloj- ¿Crees que falte mucho? Es que tengo clase y no puedo entrar después de las 8 am.

Sacó su libreta del bolso y anotó lo que dijeron en la reunión sobre los horarios de los niños. A las 2 y media tiene laboratorio. A esa hora también tiene que buscar a su bebé de 10 meses.

-Mi mamá me ayuda. Ella lo pasa buscando- me explica.

-Qué bueno-le digo- Mi mamá también me ayuda. Y pensé que soy casada, no tengo horario estricto, trabajo a tres cuadras del colegio y voy pa’ 30 años.

Afortunadamente la chica estudia cerca de donde cuidan a su bebé y la reunión terminó antes de las 8 am. Nos despedimos en la entrada y la vi corriendo para llegar a tiempo. Me quedé pensando en ella toda la mañana. Y a las 2 y media voy a pensar de nuevo en que va a terminar la práctica de laboratorio corriendo para irse a buscar al bebé.

Así es como la realidad te explota en la cara. Para unos amanece más rápido que para otros y aún así sobre la marcha van resolviendo.