Comiquitas al diván

Algo pasa en el cerebro de uno cuando pasas mucho tiempo viendo comiquitas. Yo por ejemplo me pongo psicoanalítica. En medio de canciones aleccionadoras y enseñanzas didácticas de formas y colores hay un millón de complejidades en los inocentes y felices dibujitos que me hacen pensar más de la cuenta.

Por ejemplo, mi hija tiene su primer crush con dos personajes animados: Manny, el adolescente de origen mexicano que repara todo a costa de sus herramientas parlantes y el otro es Jake, el pequeño pirata rockero de Nunca Jamás que le sigue los pasos a Peter Pan con su propia banda.

Los dos son lindos y muy tiernos ellos pero a veces se les sale lo mal portados. El Manny es el reparador exclusivo de un pequeño pueblo (su primera clienta es la alcaldesa) donde todo el mundo lo llama cuando se dañó algo (por cierto nadie paga) y él en su espanglish intencional sale al rescate con sus ocho herramientas, quienes en realidad son las que hacen el trabajo porque brincan y andan solas. Manny no deja pa’ nadie: es electricista, constructor, albañil, luminito, juguetero y a veces hasta mecánico. Manny tiene un vecino bastante raro, el señor Lopard del cual se burla descaradamente porque sabe lo torpe que es pero siempre lo aplaude y es incapaz de decirle que está poniendo la torta. De entrada el señor Lopard está fregado: vive con su gato, no tiene pareja visible, tiene una dulcería y su mayor vida social es hacerle los mandados a su mamá. Pero lo peor del Manny es que se aprovecha de la pobre Kelly, la dueña de la única ferretería del pueblo, que bota la baba por él, le consigue hasta lo más insólito, le fía todo el tiempo y le abre la ferretería a la hora que a este pana le provoca. Pero él… ni una invitadita pal cine, ni pendiente.

El otro personaje es Jake. Para empezar es pirata. Coño, tremendo gusto que tiene la hija mía. Jake anda con otros dos que lo siguen pa´ todos lados y le hacen caso a lo que dice sólo para joderle el día al pobre Capitán Garfio que de por sí le falta su manito y anda con un inútil gancho de colgar que ni siquiera le sirve de adorno. Como Garfio está traumatizado por culpa de Peter Pan entonces se volvió obsesivo compulsivo con los adolescentes y en vez de madurar se pone de pico y pala con estos. Para empezar su ayudante es el viejito Smith (con una identidad bastante comprometida) y lo mejor que se le ocurre es quitarle los juguetes a Jake y los otros dos. Está más que fregado porque estos panas hasta tienen un “polvillo” especial que los pone a volar así que siempre le ganan. ¿Pero qué necesidad tiene Garfio de quedarse ahí a merced de esa bandita? Terapia urgente de autoestima con él…

En fin estaba bien preocupada por este panorama que tiene mi hija todas las tardes y entonces descubrí a la Doctora Juguete. Mi pequeña esperanza. Mi hija se instala con Doc a cantar “hago un chequeo, hago un chequeo” porque resulta que la muñequita es hija de una doctora (afrodescendiente por cierto) y ella la copia haciendo consultas pero lo que atiende son juguetes dañados. Lo mejor de lo mejor de lo mejor es esto: ¡¡¡el papá es el que se queda en la casa y los cuida!!! Es más en un capítulo cuando la mamá doctora llegó del trabajo pudo ir a jugar con su hija porque estaba esperando la cena “que olía delicioso” y la preparaba el papá. Respiré profundo y fui feliz. El mundo todavía está a salvo antes de que cumplas los cinco años.

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