Mi presupuesto

Dice mi abuela (y yo le creo todo) que cuando uno tiene hijos le dan una escobita incorporada, para simbolizar aquello de que uno es medio bruja porque tiene que hacer magia a cada rato. Es así. Yo, que he sido pésima administradora toda mi vida y me declaro incapaz para sacar una cuenta mínima como dividir entre dos (es literal) en los últimos cuatro años he desarrollado una habilidad increíble para rendir la plata, sacarla de aquí, ponerla allá y multiplicar los panes, como quien dice.

He aquí mi presupuesto que deberíamos presentarlo todas las madres ante la Asamblea Nacional por habilidoso, rendidor y honesto:

1) Presupuesto especial para compra de zarcillos perdidos. Sí, tú, madre de un varón: no te hagas la loca. En tu caso se convierte en “para compra de zapatos destruidos en un mes”.

2) Presupuesto único con fondo multifamiliar para comprar regalos de cumpleaños para otros niños. No hay bolsillo que aguante este plazo fijo de invitaciones a fiestas durante 12 meses.

3) Presupuesto estimado y flexible para meriendas, chucherías y otros calmantes cuando se hacen diligencias en la calle. Indepabis, ojo con los heladeros porque es competencia desleal

4) Presupuesto multifamiliar de cosas que rompen tus hijos en casas ajenas. Tíos, padrinos y abuelos del mundo: sean solidarios.

5) Presupuesto ampliado de peticiones extracurriculares de la escuela. ¿Para qué “#$%& está la lista de útiles si todo el año escolar tengo que estar completando miles de manualidades?

6) Presupuesto abierto e incuestionable para familiares, amigos y ayudantes que cuidan a los niños. Si yo le pagara un sueldo a mi madre por todo lo que hace, ella ganaría más que un magistrado del TSJ.

7) Presupuesto para muñecos inútiles que lo hacen feliz (… por 20 minutos). Me declaro absolutamente incapaz de decirle que no a mi hija cuando me pide algo “poi favocito de mi vida, mami, compame ese juguetico y ya”.

8) Presupuesto (tipo caja chica) para colitas, ganchos y cintillos que no se ponen. ¡Aunque sea un ratico pero se ven hermosos! Las mamás de varones tienen el mismo vicio con gorras y cachuchitas multicolores.

9) Presupuesto macro para regalos de cumpleaños. “Eso es lo que quiero, mami: una guitarra!” Plop!

10) Presupuesto macro con fondo nacional para ayudar al Niño Jesús y San Nicolás. Ahora aunque lo sepan, no hay de otra: la navidad nunca se acaba.

Las espinas que deja Rosita

Soy periodista por gusto y por masoquismo. Amo serlo pero como a muchos, a veces me exaspera las malas mañas que vamos adquiriendo con los años. De lo que estoy segura es que no hubiese podido ser otra cosa en la vida. Este breve manifiesto a mi profesión lo anuncio porque lo que sigue es lo que llaman en los pueblos “le voy a dar su pela”.

El primer día que me enteré de la noticia del lío en el que estaba metida Jimena Araya, la mamazonga del programa “A que te ríes” reaccioné como periodista: “¡tremenda noticia!” porque no nos caigamos a cuento: periodista que no se entusiasma con un chisme se muere chiquito, y si tiene alguito de morbo, mejor. Como dice mi mamá “ustedes son raros porque lo que es malo para otros para ustedes es noticia buena”. Cierto, nos entusiasmamos, le repetimos la vaina hasta a los recogelatas y le buscamos hasta las pulguitas al cuento. Pero sufrimos de un mal crónico y cancerígeno: No sabemos parar.

Jimena se hizo famosa como decenas de generaciones de mujerones voluptuosos que se menean, muestran lolas, pompi y a punta de picones y sugerencias hacen reir a la gente. Esta se llamaba Rosita pero antes se han llamado coconaza, catalina, megalola, como sea. Eso es cuento viejo y hay cantidad de ejemplos de mujeres que lograron fama por esto y después con más ropa encima demostraron talla de profesionales ¿O se nos olvida que Fedra López era la que movía el cuadrito? Muy machista pero eso es harina de otro costal porque mostrar y explotar el cuerpo también es una decisión así que por mí, que cada quien use las lolas como la vitrina que mejor le parezca.

Mi problema no es ella. Si es actriz o no, si está buena o no, si es ordinaria o no. Mi problema es con lo que la convirtieron. Corrección mea culpistica: la convertimos. Porque la tipa se metió en un lío donde hay malandros, pranes de cárceles, tráfico de mujeres y supuesta prostitución. Ella aparece vinculada a todo esto y dudo mucho que sea de gratis. Pero como ya dije que los periodistas no sabemos parar, tengo que agregar algo aún peor: no queremos parar porque un día vimos que el chisme era buenísisimo y el tráfico de la página web se nos disparaba y teníamos choporro mil visitas de todo lo que dijera “Rosita” y no sé cuantos comentarios y entonces se nos ocurrió que había que darle más y más a ese monstruo come gente que algún teórico llamó masa, como la de las arepas: blanca, sin rostro, igualita, moldeable.

Pero resulta que no. Que la masa no es así porque hasta la de las arepas tiene grumitos. Hay miles de personas distintas. Unas con herramientas y muchas más sin ellas. Gente que observa, entiende, procesa lo que le están diciendo. Unos lo tragan, otros lo digieren, otros lo vomitan y otros se quedan largo rato masticando. Pero ¿con qué estamos alimentando esa “masa”? ¿Qué mensaje le damos a la gente cuando tenemos a Rosita siempre en primer plano, destacada, en fotos sonrientes y con minuciosa cobertura por cada estornudo que da? Que es importante.

Es importante para los medios porque a su vez argumentan que es importante para la gente y por eso la MANTIENEN importante. Señores, hay que saber parar. Es una mujer con unas lolas que duplican las porciones naturales y eso es lo que importa; que tuitea frases felices en las que agradece el “apoyo” porque se dio a la fuga; que declara descaradamente que se va a presentar ante las autoridades cuando le dé la gana. Y los medios le dieron una vitrina del tamaño de las tetas y frivolizaron tanto el cuento que a la gente le dejó de importar el delito (evadir una orden judicial es un delito) y ahora tenemos a una Rosita celebrando dentro de la celda, con una hilera de “noticias” que dicen lo contenta que está y hasta hace ejercicios de relajación. Entonces es de pinga estar presa. Entonces meterse en líos judiciales es importante. Entonces tener las tetas enormes te multiplica el centímetraje.

Hay que saber parar. Porque después son “los lectores los que consumen eso”, y “qué mal estamos como país y bla, bla, bla”. Pero lean los comentarios y verán que más de uno se tomó el tiempo de leer la “información”, comentar y avergonzarse e incluso de desear que la metan presa para no sentir que viven en un país que es un programa barato de comedia. Y ese es importante. Y el que no comenta pero asume que delinquir es divertido también es importante. Y la que ni siquiera sabe que es parte de la masa pero tiene 15 años y va a hacerse las lolas para cuadrarse su pran (y su respectivo centimetraje) esa también es importante.

Por mí si Rosita es culpable, triste por ella. Como por las otras miles que sin silicón y sin vitrina un día se equivocaron y hoy están presas llevando duro. Si no lo es, pues que sea más seria con sus juntas y sus acciones. Pero mi problema no es Rosita, mi problema son las espinas que deja su historia. Y la risa que le da a muchos. Hay que saber parar, señores.