Yo soy más que tú pero menos que tú y casi más que tú

Tengo la (des)ventaja de vivir en pleno centro de la ciudad: para más señas a un paso de las avenidas Lecuna y Baralt, a dos pasos de Capitolio y a tres de La Hoyada. Estoy a pocos metros del lugar donde nací: parroquia San Juan, en la Maternidad Concepción Palacios donde ha llegado a este mundo, más de medio país.

Me crié en el oeste del oeste: la por muchos desconocida parroquia Caricuao y buena parte de mi niñez transcurrió en Antímano. También viví en Santa Mónica y en El Cementerio. Me casé con un hombre que se crió en la Cota 905, por lo tanto mucha salsa he bailado en esas casas y ahora somos habitantes del mismísimo centro de la candela, por lo tanto podría decir que soy más caraqueña que el Metro.

Pero si vamos un poco más atrás, no soy solamente caraqueña porque bastante que corrí en las calles del pueblo donde nació mi abuela y mi mamá: Casanay, estado Sucre, donde el terremoto aquel le cambió la cara para siempre a ese pueblo macondiano olvidado en el mapa. Y ni qué decir de Margarita donde mi abuelo decidió quedarse para morirse de viejo.

Ah, pero si echamos la cinta más acá y la dejamos en el medio también soy merideña porque allá viví cinco años plenos de mi adolescencia, a lo que hay que sumarle los 20 años que tiene mi familia enraizada en Mérida, lo que permite que en mi casa se desayune arepa de trigo con queso ahumado con total regularidad. En resumen soy urbana, rural y de provincia. Venezolana, dirían algunos.

Pero parece que no. ¿O será que tengo que andar por la calle con esta genealogía escrita en la frente para poder vivir decentemente? Y me perdonan el francés pero ¿qué vaina es esa de que yo soy más venezolano que tú? Entiéndase tú por el otro. Cualquier otro. Entonces yo hago lo que me da la gana porque yo SÍ quiero a este país y tú no. Yo SÍ sé lo que es bueno para este país porque yo soy más venezolano que tú, y tú y nadie más que tú.

Estoy achicharrada, aturdida, haaaarta de tener tooodos los días frente a mi casa a dos particulares grupos de gente que demuestran lo peor en lo que nos hemos convertido pero como tienen la misma gorra tricolor en la cabeza entonces son más venezolanos que yo. (Aquí viene la parte de “esta ni-ni, escuálida, chavista, incoherente”). Pues sí, dele.

Por un lado el toldo azul que llega a las 8 de la mañana a instalar la música a todo volumen para aprovechar el silencio tempranero. A menos de 100 metros (lo que debería ser un delito electoral) llegan tipo 9 de la mañana los del toldo rojo que contraatacan rápidamente. Decíbeles van, decíbeles vienen. Y cómo vuelan papelitos, pancartas, afiches y demáses con las caras sonrientes del próximo paladín de la patria. Pero ni uno, ni los azules, ni los rojos recogen lo que para los efectos de los vecinos es más basura para las esquinas. No les quiero ni contar los envases de desayuno, almuerzo y cena, ni las botellas o vasos de todo lo que se beben para tener fuerza y seguir gritando.

Y la noche… ahhhh qué delicia la noche. Más o menos a golpe de 6 pm se ponen eróticos. Al caer la oscuridad, como se ven menos las caras porque AMBOS se roban la luz de las tanquillas eléctricas pero por nada del mundo reportan los postes dañados, entonces empieza la maravilla de intercambios verbales a punta de megáfono. Como el último que grita parece que gana la jornada entonces se extienden y pueden ser las 10 de la noche: Sí, leyó bien las 10 de la NOCHE y ellos siguen con sus poemas gritados de amor por la patria.

¡Que Dios libre si alguno de quienes no somos suficientemente venezolanos se nos ocurra pedirles que le bajen un poco, que ya basta, por favor… Ay papá Bolívar. Empieza la gritazón desaforada para sacarte más la piedra porque “¡seguro eres chavista y por eso no te gusta la canción de “Usted abusó”, que te he puesto doscientas mil veces en el día!” (que ironía el que abusó). Y si cruzo la calle a ver si arrimo una pa’l mingo después de once horas de “Patria, patria, patria querida”, entonces ¡soy una escuálida insensata que no quiere a su país!

Entonces mi conclusión es que realmente soy menos venezolana porque ni siquiera tengo derecho a estar en mi casa con el mínimo de respeto que me permite la pagadera de impuestos, derecho de frente, pago por aseo urbano, electricidad y condominio por uso de áreas comunes de los que ambos grupos dignos representantes de la patria usan y ABUSAN todos los días.

Que bueno que yo no soy tan venezolana como ellos.

PD: este post no tiene foto porque los dos grupos creen que los están fichando para matarlos.

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