Jugar en serio

Jugar es una cosa muy seria. Lo entiendes cuando ves a los niños brincando en el trampolín y mueres de envidia por no poder dedicarte una hora del día solo a saltar y saltar. Después de que haces consciente esa pérdida, entiendes mejor aquello de que jugar es un asunto que hay que tomarse en serio.

Cuando comprar juguetes se me hizo un hábito (es una renta esto de regalarle a hijos, sobrinos, primos, amiguitos y etcéteras) noté que las empresas jugueteras no han avanzado nada en los últimos 30 años. Ok, estoy clara de toda la psicología del mercado que miles de personas han estudiado puntico a puntico para ganar la mayor cantidad de dinero con el menor esfuerzo posible, así que no aspiro a que las empresas empiecen a repensar los juguetes que ofrecen.

Pero los que sí tenemos que darle la vuelta a la oferta y la demanda somos quienes gastamos los realitos en eso. Especialmente las que somos mamás de niñas.

Por ejemplo, yo no sé ustedes pero no le veo nada de divertido a jugar con muñecos que su atractivo es llorar, chillar y hacer pipí. En los últimos años se les ocurrió darle mayor “realismo” y hasta se hacen pupú.

¡No, qué maravilla pues! La peor parte de ser mamá, la que no aparece en los comerciales idílicos de pañales porque eso sí te muestra en lo que te estás metiendo. El “juego” está precisamente en esa parte que queremos superar rápidamente.

Pero los papás y las mamás pagan exorbitantes cantidades de dinero por Little mommys, Bebé querido, Cicciobello y etcéteras, para que las niñas jueguen a “ser una mamá de verdad” ¿¿¿¿¿????

El problema es que quienes diseñan juguetes sí saben lo serio que es jugar, así que los muñecos y muñecas se convierten en el primer entrenamiento para esa vida que -se supone- nos corresponde a las mujeres: ser la mamá de alguien (no lo digo yo, lo dice gente seria como Elena Gianini Belloti http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/19545/1/articulo5-13-12.pdf)

Los comerciales están llenos de promesas de diversión donde hay bebés de 3 y 4 años cuidando a otros bebés que son casi de su mismo tamaño. !Ah, qué maravillosa diversión! Debes aprender a limpiarle el rabo a alguien, a escucharlo llorar (¡tienes tres años ya sabes calmar a un bebé!), preferir sentarte horas a darle comida en vez de jugar y correr o treparte en cosas, y a internalizar que antes de saber leer debes asumir una de las responsabilidades más grandes que tiene un ser humano: criar a otro.

Por cierto, los hombres también crían hijos pero ¡Dios libre que lo vean con una muñeca en la mano!.

Cuando mi hija cumplió 4 años me dijo: quiero una computadora para “esquibir mis dibujos”. Yo se la compré y así aprendió algunas letras que para ese momento aún no identificaba. Pero este año para su regalo de Niño Jesús se debate entre una bicicleta o un muñeco que se despierta a medianoche llorando y uno lo debe cargar para que se calme. NMJ. Si una de las mejores cosas de que tenga cinco años es que hace tiempo que duerme la noche entera y atrás quedó la horrible etapa de los madrugonazos.

Entonces ¿por qué mi hija quiere tener como juguete algo que le interrumpe su glorioso sueño? ¿Qué clase de “juego” es ese? ¿Qué le hace pensar a un diseñador de juguetes que eso es algo divertido, creativo y necesario? Pero lo peor ¿por qué una mamá querría comprarle a su hija semejante distractor de algo verdaderamente importante como dormir?

Adivinen quien no va a gastar ni un sólo céntimo en el muñeco que llora y nos va a despertar a todos a medianoche. Me niego, me niego a jugar con eso.

PD: el final feliz es que algo comienza a cambiar, vamos a empujar un poco. Vean la campaña de la empresa Goldieblox:

http://www.youtube.com/watch?v=IIGyVa5Xftw&list=TL1jY2zKv2Te0Zpt1pYOQvfULDKZiBRckh